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Artículo: Parejas grabadas en lugares públicos: qué dice ese morbo sobre nuestro deseo

Collage editorial estilo magazine cutout sobre el deseo de ser visto en la intimidad

Parejas grabadas en lugares públicos: qué dice ese morbo sobre nuestro deseo

En breve: El deseo de ver y de ser vistos es una fantasía común y tiene nombres clínicos: voyeurismo y exhibicionismo. Lo que se vuelve viral no es la fantasía, es la forma de vivirla sin consentimiento de quienes pasaban por ahí. Hay maneras de explorar ese morbo en privado, con tu pareja y sin terminar en el feed de un grupo de WhatsApp.

¿Por qué tantos videos de parejas teniendo sexo en público este año?

En los últimos cinco meses circularon al menos cuatro videos virales en Colombia de parejas grabadas teniendo relaciones en carreteras, vías residenciales, vehículos estacionados y zonas costeras. No es una tendencia nueva, lo que cambió es la velocidad a la que un vecino con teléfono convierte un encuentro en titular nacional. La conversación pública se queda en la moralidad, en la denuncia y en el "qué falta de respeto", y casi nunca toca lo más interesante: por qué a tanta gente le sube el pulso cuando ve esos videos.

Hay una respuesta corta. El morbo de mirar y el morbo de ser visto son dos fantasías sexuales bastante comunes, documentadas por décadas en la investigación sobre conducta sexual. Lo que no es común es vivirlas en un espacio público sin consentimiento de quienes están alrededor, y ahí está la mezcla rara que produce la viralidad: una fantasía universal, ejecutada de una forma ilegal.

¿Qué es el voyeurismo y qué es el exhibicionismo, sin tabúes?

El voyeurismo es la excitación que produce observar a otras personas en momentos íntimos. El exhibicionismo es el otro lado del espejo: la excitación que produce ser observado. Encuestas de comportamiento sexual estiman que entre el 30 y el 50 por ciento de las personas adultas reportan algún grado de fantasía en alguno de los dos lados, y la combinación de ambas dentro de la pareja, conocida como candaulismo cuando alguien quiere que su pareja sea vista por terceros, aparece de forma constante en los reportes de fantasías más buscadas.

Decir que es común no significa que cualquier forma de practicarla esté bien. Una cosa es la fantasía, otra es el consentimiento. El componente clave aquí es que las dos personas dentro del acto consientan, y que cualquier tercera persona involucrada, aunque sea solo como mirona, también lo haga. Cuando alguien graba a una pareja desde una ventana, o cuando una pareja decide hacerlo en una vía donde otros van a pasar sin haber elegido mirar, ese consentimiento falta. Eso es lo que separa una fantasía sana de un delito.

¿Por qué el riesgo de ser descubierto activa tanto?

El cuerpo no distingue entre el cosquilleo de un susto y la activación del deseo. La adrenalina que sube cuando hay riesgo, la dopamina que se libera ante lo prohibido y la pequeña vergüenza anticipada se mezclan con la excitación sexual, y el cerebro lee todo el cóctel como intensidad. Por eso muchas parejas que llevan años juntas dicen que su mejor sexo ocurrió en un baño ajeno, en un carro, en un hotel desconocido. No es el lugar, es la novedad mezclada con la posibilidad de ser interrumpidos.

Esa lógica también explica el morbo de quien comparte el video o lo busca. Mirar algo que no debería estar mirando, sentir que lo prohibido entra en el feed sin haberlo buscado, produce la misma chispa de "ay, no debería" que activa la fantasía original. La diferencia es que la pareja del video no eligió ser tu fantasía, y ahí se cae el consentimiento por segunda vez.

Juguetes a control remoto El morbo de "alguien me está controlando ahora mismo" se puede vivir en un restaurante, en un parque o en el carro de regreso a casa, sin que nadie afuera sepa que está pasando. Es la fantasía del riesgo, reescrita con consentimiento mutuo. Explorar categoría →

¿Cómo vivir esa fantasía sin pasarte al lado ilegal?

La pregunta no es si la fantasía es válida, es dónde puede vivir sin convertir a terceros en participantes no invitados. Tres caminos claros que las parejas usan para canalizar ese morbo sin riesgo legal ni moral:

  • Juego en espacios privados con sensación pública. Una terraza con cortinas semiabiertas, una ventana de hotel que da a un patio interno, una habitación con luz tenue mientras suenan voces lejanas. El cerebro lee la posibilidad, no necesita la realidad.
  • Juguetes con control remoto por app. Uno de los dos lleva el dispositivo, el otro maneja la intensidad desde el teléfono. Pueden estar en una cena, en una reunión familiar, en distintos lados de la ciudad. La excitación viene de saberlo, no de ser visto.
  • Role-play del visto. La pareja crea la escena: "tú llegas, yo estoy en el balcón sin saber que me miras, te quedas quieto". Es teatro consensuado y la intensidad del exhibicionismo aparece sin necesidad de que haya un público real.
  • Clubes privados o espacios liberales. En Bogotá y Medellín existen espacios privados, con código de conducta estricto y consentimiento explícito, donde la fantasía del candaulismo encuentra un marco legal y respetuoso. No es para todo el mundo, pero existe.
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¿Qué dice la ley colombiana sobre tener sexo en público?

En Colombia, los actos sexuales en lugares de acceso público están tipificados como contravención en el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, con multas que pueden llegar a varios salarios mínimos diarios. Si hay grabación sin consentimiento, además puede haber implicación penal por la difusión. Quienes ven el video y lo comparten en grupos de WhatsApp también participan de esa cadena. La fantasía es libre, la conducta no.

Vale la pena tenerlo claro antes de planear "una experiencia diferente" para el aniversario. La línea entre arriesgar la multa y volverse un titular es más fina de lo que uno cree, y normalmente la cuenta no la paga el video, la pagan las familias y el trabajo de quienes salen identificables.

¿Y por qué nos cuesta hablar de esto sin moralizar?

Buena parte del problema es que en Colombia seguimos sin un vocabulario adulto y compartido para hablar de fantasía. La moralidad es fácil, la curiosidad da pena. Cuando un video circula, el reflejo cultural es escandalizarse o burlarse, y muy poca gente se permite decir lo más honesto: "a mí también me pasa por la cabeza algo así, ¿es normal?". La respuesta corta es sí, es normal. La larga, la que vale, es lo que hablas con tu pareja después.

Preguntas frecuentes

¿Tener fantasías de ser visto significa que tengo un problema?

No. El voyeurismo y el exhibicionismo como fantasías son comunes y no implican ningún trastorno mientras se practiquen con consentimiento de todas las partes y no causen malestar significativo. Lo que sí es un problema clínico es practicarlas con personas que no han consentido, ahí ya hay daño.

¿Es lo mismo voyeurismo que candaulismo?

No exactamente. El voyeurismo es observar. El candaulismo es la fantasía específica de que tu pareja sea observada por un tercero con tu consentimiento y disfrute. Suele aparecer en parejas estables que buscan intensificar el deseo después de varios años juntas.

¿Cómo le digo a mi pareja que me gustaría explorar esta fantasía?

Empieza por contarla como fantasía, no como propuesta. "Me imaginé esto, me dio curiosidad" abre la puerta sin presionar. Si la otra persona se interesa, escojan juntos la versión segura: role-play en casa, juguete a distancia o espacio privado. Si no, queda en el plano de la fantasía individual, que también está bien.

¿Por qué se siente más intenso cuando hay riesgo?

El sistema nervioso libera adrenalina y dopamina ante lo prohibido y mezcla esa activación con la excitación sexual. El cerebro lee el cóctel como intensidad. Por eso muchas parejas reportan su sexo más memorable en lugares donde podrían ser interrumpidas, sin necesariamente serlo.

¿Qué pasa si me identifico más con mirar que con ser visto?

También es común. La distribución entre quienes prefieren mirar y quienes prefieren ser mirados es bastante pareja en las encuestas de fantasía. En parejas estables suele aparecer una persona ligeramente más exhibicionista con otra más voyeur, y cada quien sostiene la fantasía del otro.

En conclusión

  • El morbo de ver y ser visto es una fantasía común y bien documentada, no un signo de nada raro.
  • Lo que viraliza esos videos no es la fantasía, es la falta de consentimiento de quienes pasaban por ahí.
  • El riesgo intensifica el deseo porque el cuerpo confunde adrenalina con excitación.
  • Hay caminos seguros y legales para explorar ese morbo: role-play, juguetes a control remoto, espacios privados.
  • Hablarlo con la pareja como fantasía abre conversación sin presionar.

Si te dio curiosidad este tema, te van a interesar también las tres fantasías sexuales más googleadas en Colombia, nuestra guía de sexting seguro y la lectura sobre cómo funcionan los juguetes con control remoto por app.

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